En una época muy remota, Quito se extendía: de sur a norte, desde lo que hoy es la avenida 24 de Mayo —antigua quebrada de Jerusalén—, hasta los que eran sitios comunales de pastoreo para los animales —actualmente el parque de la Alameda—; y de oriente a occidente, desde la loma del Itchimbía —actual barrio La Tola—, hasta el cerro de San Juan. Según se encuentra anotado en los libros del Cabildo de la ciudad, a los pocos días de llegados los españoles se reunió un grupo formado por los más nobles o adinerados del pueblo, que conformaron un cabildo abierto, también conocido como “La Santa Hermandad”.

Los espaderos no actuaban permanentemente como un grupo, sino que, más bien, se reunían para cumplir las misiones específicas que se les encomendaba, ya que los actos infamantes o denigrantes, como se llamaba en aquella época a la delincuencia, no eran muy comunes.

Para el año de 1799, por disposición del presidente de la Real Audiencia de Quito, don Luís Francisco Héctor, barón de Carondelet, se conformó el Cuerpo de Serenos, quienes cumplían la vigilancia nocturna en tres, cuatro o cinco manzanas del barrio. Este trabajo requería gran esfuerzo y sacrificios que nadie quería asumir, siendo el único pago el reconocimiento y la credibilidad del pueblo, que remuneraba este servicio con provisiones para manutención.

Para el año de 1901, existían dos grupos muy bien definidos; por un lado, en cada parroquia, los tenientes políticos nombraban de dos a cuatro gendarmes, quienes tenían derecho a cobrar al que los ocupase, hasta que pudieran ser pagados con rentas municipales; es decir, cada persona que usaba sus servicios pagaba un real por cada boleta. Los gendarmes, además, eran designados como agentes de la Policía de Orden y Seguridad, y darían origen a la Policía Civil Nacional.

A fines de 1920, se les da la denominación de “Policías Municipales”. Según la ordenanza 0271 de octubre de 1924: “Cada Policía usará el arma y uniforme que el Concejo determine”. Es decir, en esta época la Policía Municipal estaba armada, porque participaba directamente en el control del orden público.

Ingresando al nuevo milenio (año 2000), la institución empieza a consolidar una etapa de profesionalización incorporando nuevo personal con estudios superiores en diversas áreas y se envía a un grupo de policías a realizar un curso de perfeccionamiento para inspectores en la Escuela Superior de Policía Nacional “Alberto Enríquez Gallo”, con el fin de formar nuevos lideres que comanden el talento humano acorde con las competencias institucionales.

Actualmente la institución como una nueva etapa dentro de este proceso histórico y en cumplimiento a la nueva normativa legal determinada por el Código Orgánico de Entidades de Seguridad Ciudadana y Orden Público (COESCOP), cambia de imagen y denominación asumiendo constitucionalmente nuevos roles y estructura organizacional para la gestión administrativa y operativa como “Cuerpo de Agentes de Control Metropolitano Quito”.